ZARCO era mi abuelo Luis
Hilario, lo era de apellido y en sus ojos brillaba el mar azul claro
que según leo, hace 8000 años había mutado en un solo individuo al
noroeste del mar negro.
8000 años oscuros porque no
fue hasta 1965 más o menos cuando yo conocí a mi abuelo y tuve
referencias de algún antepasado suyo.
Por el conozco que su padre se
llamaba Domingo y era de Corral de Almaguer, pueblo donde numerosos
Zarco transitan aún por sus calles, como Felipe Arévalo Zarco que
el mes pasado vendió los cupones de la once premiados con un millón
de euros.
El padre de Domingo Zarco se
llamaba León pero al desconocer su segundo apellido ya no he podido
remontar la búsqueda.
Se había celebrado el año
pasado el primer encuentro Zarco que convocaron los monteños
con este apellido en Mota del Cuervo gracias a los trabajos de
investigación de José Zarco, pero cuando tuve conocimiento de ello
más de cuatrocientos zarco de toda España se habían reunido y
regresado a sus hogares.
Por eso me ha encantado la
cita convocada por internet y supervisada por Pedro Cano Zarco que
como yo lleva el Zarco de segundo apellido.
Soy una persona de casi 65
años que cuando se dio cuenta de bien mayor que seguía siendo un
niño, se aferro a ello y sujetó la ilusión sin dejarla marchar con
todas las fuerzas que la mente y el cuerpo le permiten, de este modo
el encuentro Zarco es para mi una suerte de narración con la fuerza
de Alicia en el país de las maravillas.
Luis Hilario mi abuelo tuvo
tres hijos con Luisa que se llamaron Juana ,Rosa y Ramón.
Juana me tuvo a mi con la
intervención de Benjamin y Rosa con ayuda de Antonio ha criado dos
hijos que son Jordi y Marta. Ramón el pequeño de los tres hijos de
Luis Hilario con ayuda de Dolores tuvo a Eva que es la única de los
cuatro nietos de Luis Hilario que lleva el Zarco como primer
apellido.
Así las cosas, la rama Zarco
que vino a Barcelona desde Corral de Almaguer se perderá para
siempre en la transmisión hereditaria del apellido, no así su
mensaje genético que seguirá las leyes de la naturaleza y que desde
antes de que los ojos aguamarinos aparecieran al noroeste del mar
negro caminan silenciosos entre nosotros.
Y reconstruiré su historia
hasta donde pueda y si hace falta adornaré con cenefas de fantasía
el caminar de los zarco por esta mancha redescubierta para mi y de la
que como de mi abuelo apenas tenía noticias.
| Foto de familia |
Todos ellos son los que con el
mensaje de sus antepasados han arribado a esta Itaca del presente y
son conscientes de ello, todos ellos sienten la misma ilusión que yo
siento por reconstruir su pasado y describir el esfuerzo por vivir y
de algún modo sobrevivir en el recuerdo.
A todos desde mi corazón un
gran abrazo.